La descripción del fenómeno de la comunicación hace nacesaria la participación de estructuras de observación provenientes de disciplinas consideradas como “ajenas” a lo que se pudiera considerar como “lo comunicativo” y sin las cuales la complejidad de dicho fenómeno, tal y como lo concebimos hoy en día, sería inaprehensible.
Con elementos provenientes tanto de la lingüística como de la cibernética, del materialismo histórico o la psicología, la Teoría de la Comunicación ha configurado un bagaje semántico híbrido que se remonta a las visiones organicistas del siglo XIX y que algunos entusiastas rastrean hasta la antigüedad griega con la retórica de Aristóteles. Un ejemplo representativo de estas incursiones “foráneas” es la teoría matemática de la información establecida en 1948 por el ingeniero de los laboratorios Bell, Claude Elwood Shannon.
El estado que guarda actualmente la teoría de la comunicación nos sugiere tomar en consideración y valorar los desarrollos experimentados en disciplinas paralelas y que mediante una serie de disposiciones de teoría hacen posible aventurar descripciones de la comunicación capaces de asimilar el alto grado de sofisticación que ésta presenta en la sociedad moderna. Un campo teórico en el que estos desarrollos parecen tomar un sesgo fértil es nuevamente la Teoría General de Sistemas, particularmente con la figura del alemán Niklas Luhmann quien realizó una reconstrucción la misma dentro de las fronteras de la sociología y cuyo logro estriba en integrar en una perspectiva omniabarcante a la sociedad y a la comunicación considerándolas como una misma realidad. Revisemos de manera general las aportaciones de Luhmann en este campo.
La Teoría General de Sistemas ha producido desde su fundación por diferentes conceptualizaciones acerca de cómo representarnos la realidad bajo la premisa de la existencia de los sistemas. De acuerdo con Arnold y Osorio (1998) podemos desagregar este desarrollo en la investigación sistémica en dos vertientes: 1) los procesos internos acerca de cómo el sistema realiza sus operaciones y 2) los procesos de frontera acerca de cómo se relaciona el sistema con el entorno. No nos ocuparemos aquí de los pormenores de este recorrido; baste señalar que el estado actual de la investigación - de la cual Luhmann fue un participante activo- concibe al sistema, desde el punto de vista interno, como operación recursiva que produce realidad bajo la forma de distinciones.
Una operación constituye sistema cuando al especificarse y enlazarse consigo misma se diferencia de su entorno. Dicho de otra manera un sistema se autoproduce mediante el enlazamiento permanente de operaciones del mismo tipo. Estas operaciones se encuentran siempre referidas a los elementos de su estructura y reproducen la organización de la misma estableciendo entre ellas relaciones selectivas. Es así que los elementos y las relaciones admitidas por el sistema conforman un dispositivo de selección capaz de discriminar entre los elementos del entorno que puede asimilar el sistema a su complejidad y aquellos que son excluidos provisionalmente y que permanecen en una especie de "telón de fondo" de la operación pero con la posibilidad de ser "actualizados" en futuras operaciones sistémicas. Estos planteamientos nos obligan a abandonar la concepción tradicional del sistema como unidad y definirlo como una diferencia: la distinción que resulta al reconocer que sistema y entorno son los dos "lados" de una misma operación. Sistema y Entorno constituyen así una forma binaria donde ambos lados se presuponen sin determinarse.
1) su clausura operacional o el principio según el cual sólo cuando una operación logra aislarse su entorno puede especificarse de manera recursiva y constituir una realidad diferente;
2) su autorreferencia, condición según la cual el sistema remite todas sus operaciones a sí mismo, a su estructura, para poder así observar su entorno siendo incapaz de distinguir aquello para lo que no se encuentra estructuralmente dispuesto; y
3) su autopoiesis, esto es, la forma de organización del sistema que le permite reproducirse a sí mismo a partir de los elementos que conforman su estructura. Al participar permanentemente en la producción de las operaciones del sistema, sus elementos permiten al sistema reproducirse prescindiendo de insumos energéticos provenientes del entorno.
Estas propiedades del sistema también cobran relevancia en los procesos de frontera (relación Sistema-Entorno): aunque sistema y entorno se implican mutuamente como “partes” o “lados” de una misma distinción, nunca se determinan ni se puede atribuir entre ellos relaciones de causalidad. Dado que para observar al entorno el sistema remite sus operaciones (observaciones) a sí mismo, el entorno jamás podrá determinar lo observado en él. El esquema de observación será siempre prerrogativa del sistema. Al observarlo, el sistema reduce la complejidad desorganizada del entorno, asimilándola a la suya propia (complejidad organizada). Por ello, toda observación producida por un sistema será siempre una “auto-observación” pues lo observado en el entorno corresponderá siempre - como una regla de duplicación (código)- al cúmulo de distinciones que el sistema es capaz de operar dados los elementos que conforman su estructura.
Es así como cobra sentido uno de los principios básicos de la teoría de los sistemas autorreferenciales: un sistema sólo puede observar sus propias distinciones, o dicho de otra forma, un sistema sólo puede observar lo que puede observar. En la base de la diferencia establecida entre sistema y entorno se resuelve paradója entre autorreferencia y heterorreferencia: todo sistema implica la observación de un entorno que a su vez implica (al menos) un sistema observante.
La descripción del evento comunicativo a partir de esta construcción teórica no ha sido el resultado de un interés referido directamente a la comunicación sino al papel central que Luhmann reconoce en ella como el elemento que le permite a la sociología enfocar adecuadamente su objeto de estudio: la sociedad.
Desde hace ya varios años la sociología atraviesa por un periodo de debate acerca de cuestiones internas que tienen que ver con el estatuto que guarda la acción con respecto a si todavía se puede explicar convincentemente a partir de ella cómo es posible el orden social. Este es un problema añejo que se remonta a la oposición entre las concepciones de sociedad que legaron los dos grandes clásicos de la sociología: Max Weber y Emile Durkheim. La teoría de Sistemas en Sociología representada por Luhmann ha establecido su propia postura al respecto favoreciendo una perspectiva que coloca a la comunicación como el elemento constitutivo de “lo social” desplazando a la acción como categoría sociológica base y confinándola a ser tratada e interpretada dentro de los límites de la comunicación.
Pero ¿qué es la comunicación? Nos referiremos a ella como una operación recursiva, autónoma, capaz de determinarse y reproducirse a sí misma por medio su encadenamiento selectivo sin la intervención de elementos externos. La comunicación es un sistema que se hace presente cuando es entendida la diferencia entre una información que se ha producido y las razones que se tienen para participar de dicha información. La comunicación es por tanto la operación que actualiza la diferencia entre información y notificación. Esta distinción se nos aparece bajo la forma de una síntesis de tres selecciones que ocurren de manera simultánea: 1) la selección de la información o aquello que se incluye como contenido comunicativo; 2) la selección de la notificación o las razones seleccionadas para participar del contenido informativo; y 3) la selección de entender (o no entender) la diferencia entre la acción de notificar y el contenido de la información; sin esta distinción la comunicación es prácticamente imposible pues quedaría reducida en el mejor de los casos a simple “ruido”.
Atendiendo a la complejidad de la comunicación debemos desechar toda pretensión de ontologizarla: la comunicación no es materia que se pueda transferir, no tiene cuerpo por lo que no existen emisores ni receptores sino participantes de un orden autónomo que coordina y delimita sus posibilidades de intervención. El sistema discrimina qué expectativas de comunicación (en el esquema A, B, C, D, E, F, G, H, I) pueden ser actualizadas y enlazarse a las comunicaciones precedentes (en el esquema la comunicación A se enlaza con la comunicación F). Toda comunicación actual (Comunicación A) trae consigo una comunicación potencial (Comunicación F) en tanto que abre un horizonte de posibilidades finitas dentro del cual habrá de operar la selección de la siguiente comunicación. Esto se hace posible gracias al medio del sentido. Luhmann utiliza la distinción Medio / Forma proveniente de la teoría de la percepción a distancia de Fritz Heider para definir al sentido como un conjunto de elementos acoplados de manera amplia que sirve como mediun para la condensación de formas comunicativas. La forma se impone a los elementos del medio relacionándolos de manera estricta, otorgándoles especificidad. El sentido es el horizonte donde se condensa la forma comunicativa, es un universo acotado de posibilidades para la selección autoreferencial de nuevas comunicaciones "actuales" que por remitir inevitablemente al orden del sentido (y a un nuevo enlace) hacen posible la autopoiesis del sistema. Lo que se distingue en la comunicación no es el sentido pero gracias al sentido opera la distinción dentro de la comunicación.
La comunicación cuenta además con la posibilidad de adjudicar responsabilidades al especificar a quién se reconoce como productor de qué información. Con ello, la comunicación reconstruye en su interior a los participantes bajo la forma de personas, esto es, herramientas del sistema que funcionan como unidades de atribución de responsabilidad que facilitan la comprensión y direccionalidad de la información. Por persona no debemos entender al sistema psíquico ni al organismo al que se encuentra acoplado: las personas son comunicaciones que duplican a los individuos "realies" y que sirven para orientar el sentido de la comunicación de cuya producción se les ha hecho responsables.
No es posible por todo lo antes mencionado reducir a la comunicación a una simple extensión de la conciencia ya que lo psíquico y lo comunicativo constituyen operaciones sistémicas diferentes: la conciencia opera enlazando pensamiento mientras que la comunicación sólo produce comunicación. Ni el pensamiento es capaz de comunicar ni la comunicación puede pensar, mas esto no impide que la conciencia pueda participar del sistema de la comunicación y que la comunicación sea capaz de tematizar sobre los estados de conciencia de los participantes.
Es esta realidad de suyo propia la que según Luhmann constituye el único elemento, el único tipo de operación que conforma a la sociedad. Aquello que la sociología tenga que decir acerca de “lo social” deberá primero decirlo acerca de la comunicación. Una primera consideración a este respecto es el hecho de que la comunicación es un evento omniabarcante, irreductible a estados de conciencia particulares o a limitaciones lingüísticas, institucionales, históricas o geográficas. Aquello que define lo que la comunicación es, aplica a todas las comunicaciones que se producen pues es lo que las hace ser comunicación y no otra cosa. En el mismo sentido, al hablar de sociedad sólo podemos referirnos a ella como “sociedad universal” ya que no existen “diferentes sociedades” bajo la forma de diferentes tipos de comunicación. Lo que existe son parcializaciones funcionales de comunicación organizadas como sub-sistemas (sistemas sociales) que comparten las mismas propiedades del sistema omniabarcante de comunicación y cuyo referente semántico es lo que conocemos como decisiones políticas, transacciones económicas, obras de arte, teorías científicas, relaciones amorosas, controversias jurídicas y todo cuanto involucra y comprende al orden de los llamados “fenómenos” sociales.
Este planteamiento nos lleva necesariamente a la reflexión sobre la circularidad de las explicaciones científicas que tratan de explicar qué es la comunicación. Dado que la ciencia es una “actividad” social y por lo tanto comunicación, las teorías científicas acerca de la naturaleza del evento comunicativo no son más que comunicación que se tematiza a sí misma: comunicación que se auto-observa. Y esta auto-observación que la comunicación realiza desde la ciencia es evidentemente diferente a cualquier otra autodescripción que la propia comunicación hiciera de sí misma desde otra “parcela comunicativa” como lo es la política, el arte o la religión. Desde la ciencia no se considera que “el hombre se comunica con el hombre por voluntad de dios” independientemente que podamos o no creer en esta aseveración. La particularidad de la observación de cada sistema social sea la ciencia, el derecho, el arte o la religión, obedece a que cada uno posee un instrumental de observación que le es específico y que le permite distinguir, como sistema, la complejidad de su entorno a partir de su propia complejidad.
Una consecuencia de lo anterior es el hecho de que las autodescripciones que la sociedad hace de sí misma no pueden agotar su propia complejidad, sino por el contrario, la incrementan. No podremos hallar dentro de ella una pretensión cognitiva exclusivista: la propia teoría se auto-observa como una observación de entre un cúmulo de otras posibles, ninguna de ellas capaz de explicar de manera definitiva a su objeto de estudio. Toda observación es conocimiento que incrementa la complejidad social al incorporar distinciones en un entramado policontextual a partir del esquema binario (código) que proporciona la única forma de conocimiento que puede producir un observador. Esto nos lleva a especificar el lugar que ocupa la teoría de sistemas dentro de sus propias distinciones: el esquema de observación que asume para sí la teoría de sistemas se restringe a la distinción que le sirve de base -sistema/entorno- por lo que toda observación, todo conocimiento que la comunicación opere sobre sí misma desde ésta teoría deberá realizarse bajo esta premisa.
Arnold, M. y F. Osorio, (1998) Introducción a los Conceptos Básicos de la Teoría General de Sistemas en Cinta de Moebio No.3. Abril de 1998. [En línea] Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. Disponible en: http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/03/frames45.htm (Accesado el día 15 de agosto de 2005)
Berthier, A., (2005) Comunicación y Teoría General de Sistemas en Sociología: la aportación de Niklas Luhmann en Conocimiento y Sociedad.com. [En línea]. Disponible en http://www.conocimientoysociedad.com/Comunicacion.html
La Sociología de la Complejidad de Niklas Luhmann
El sistema de la Comunicación en Niklas Luhmann