Conocimiento y Sociedad
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Arte
J.R.R.Tolkien:
sentido común, mito y cinematografía
Presentación

Eucatástrofe. J. R. R. Tolkien propuso este término para designar al dramático desenlace, tan feliz como redentor, que caracteriza a las buenas historias fantásticas con una compleja trama cargada de elementos que hagan casi imposible un simplista e inverosímil “final feliz”. Desde luego que algo así puede hallarse en la novela original de El señor de los anillos, pero también ocurriría la noche del 29 de febrero del 2004, cuando el filme dirigido por Peter Jackson, El señor de los anillos: el retorno del rey, recibió los once óscares de la academia cinematográfica de Hollywood a los cuales estaba “nominado”, incluidos los de mejor película y mejor director. Nunca antes una exitosa megaproducción del subvalorado género fantástico –de la cual aquella cinta era la tercera parte– había obtenido tantos y tan buenos premios. Sus aproximadamente diez horas de duración en las salas comerciales y doce en las “versiones extendidas”, divididas en tres películas que acumularon 30 “nominaciones” y obtuvieron 17 “estatuillas”, operaron un milagro que ni sus propios artífices creían que fuese factible.

Hoy la novela de Tolkien cuenta con una laureada versión cinematográfica que la ha dado y la dará a conocer a millones de personas, y esa versión ha ganado para su excéntrico director, guionista y productor y para su enorme equipo de trabajo –que en última instancia incluye a un país entero, Nueva Zelanda–, un lugar digno y definitivo en la historia del cine. Es como si no solamente Elrond, Galadriel, Gandalf, Bilbo o Frodo viajaran hacia el Oeste élfico desde los Puertos Grises, sino además del propio J. R. R. Tolkien, Peter Jackson y las actrices y actores que interpretaron los roles principales en la trilogía fílmica.

Los estrenos de cada diciembre entre el 2001 y el 2003 dieron un toque muy especial a las navidades de esos tres años. Durante ese lapso serían escritos los tres artículos que componen esta sección de Conocimiento y Sociedad. En ellos se transitó de la justificación erudita a la comprensión deleitosa; de una actitud “a la defensiva” hasta varias constataciones asombrosas. Los tres artículos no integran una unidad; no están seriados temáticamente. Sólo proponen consideraciones dispersas, que quieren aportar algo a los espectadores de las películas y los lectores del libro. También sugieren bibliografía pertinente, pero sobre todo intentan contagiar un entusiasmo personal por cierto tesoro literario que sin duda ha enriquecido culturalmente al mundo.
José Hernández Prado
2 de marzo de 2004.
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