De
acuerdo con Miguel Rodrigo Alsina (1999), la reflexión sobre la
comunicación intercultural se ha venido fortaleciendo debido a la
configuración que presenta la sociedad global desde finales del
siglo XX a la fecha en tres órdenes:
1. La tendencia al debilitamiento del Estado nación como referente
universal de la unidad política.
2. La globalización de los mercados y los sistemas financieros.
3. El avance tecnológico de los sistemas de telecomunicación que
incrementan los flujos informativos internacionales.
Este perfil global de la sociedad moderna ha propiciado, a juicio
del autor, la necesidad de plantearse como objeto de reflexión científica
la eficacia, las características, las consecuencias y los problemas
que enfrenta el contacto comunicativo cuando este se realiza en
condiciones de interculturalidad, esto es, cuando los participantes
de la comunicación pertenecen a culturas diferentes o al menos no
comparten los mismos referentes simbólicos.
Para Asunción-Landa (1986) la comunicación intercultural se encuentra
orientada al estudio y resolución de los problemas de comunicación
en contextos interculturales. Para lograr este objetivo se requiere
problematizar el impacto de los aspectos culturales dentro de la
comunicación con el própósito de descubrir formas de intercambio
simbólico que permitan a los individuos alcanzar la aceptación de
puntos de vista provenientes de contextos culturales alternativos.
Esta concepción involucra dos supuestos teóricos importantes: por
un lado, la concepción de cultura como sistema de símbolos compartidos,
establecidos por una comunidad para relacionarse con su ambiente
físico, psicológico y social; por otro lado, concibe a la comunicación
como un proceso de transmisión de mensajes suceptibles de ser "codificados"
e interpretados con arreglo al patrimonio simbólico proporcionado
por la cultura (Asunción-Landa, 1986:184-185). Estos dos elementos
teóricos nos permiten vincular a los estudios interculturales con
el ámbito de los "cultural
studies" o estudios del
campo de la comunicación que se basan precisamente en el concepto
de cultura.
El papel de los estudios culturales dentro del campo teórico de
la comunicación no es nuevo pero si muy importante en tanto que
ha permitido descubrir como factores exógenos a la comunicación
tales como los códigos lingüísticos, los sistemas de creencias,
la clase social y los sistemas de valores intervienen dentro de
la producción y entendimiento comunicativo. La comunicación intercultural
considera estos elementos pero proyectados a nivel global y referidos
unos a otros aceptando entre ellos la existencia de posibles equivalencias
semánticas.
Si bien desde el punto de vista teórico el interés por la dimensión
intercultural de la comunicación está justificado por la relevancia
misma que conlleva el planteamiento, hay dos aspectos que
parecen ser problemáticos con respecto al interés cognoscitivo que
evidencian algunos de sus representantes y al diagnóstico acerca
de la configuración social que da origen a los estudios interculturales.
En cuanto al primer aspecto, si bien Asunción-Lande afirma que “la
comunicación intercultural puede ayudar a crear una atmósfera que
promueva la cooperación y en entendimiento entre las diferentes
culturas” (Asunción-Lande, 1986:179), para algunos de sus representantes,
el estudio de la interculturalidad parece tener un fin técnico empresarial.
Como la propia autora reconoce, existe a nivel internacional un
interés creciente por parte de gobiernos, organizaciones profesionales
y círculos empresariales por la formación de cuadros gerenciales
tendientes a la implementación de programas de capacitación en comunicación
intercultural. Este interés ha dado lugar al surgimiento de publicaciones
especializadas, talleres y seminarios sobre el tema. En este sentido,
la comunicación intercultural aparece como un tópico más del campo
de la administración de los negocios, como un tema de “moda” cuya
importancia radica en la formación de hombres de negocios capaces
de sortear los obstáculos y aprovechar las oportunidades que brindan
el contacto tecnológico con nuevos mercados culturales. El logro
de tales objetivos requiere de una serie de consideraciones que,
si bien pueden estar teóricamente sustentadas, no dejan de sonar
a instrucciones de manual de éxito empresarial:
Sensibilidad con respecto a las diferencias culturales.
Reivindicación de la singularidad cultural.
Tolerancia a la ambigüedad comunicativa.
Disposición a la aceptación de lo inesperado.
Capacidad de aceptación de alternativas culturales.
Expectativas reducidas de efectividad comunicativa.
Este no es el único aspecto problemático en cuanto a la génesis
de los estudios interculturales. La lectura que hace Rodrigo Alsina
de la configuración del "mundo intercultural" debe ser
tomada con algunas reservas. Si bien es cierto que el mundo posterior
a la Guerra del Golfo Pérsico posee una configuración geopolítica
diferente a la que prevalecía durante los años de la Guerra Fría,
la importancia del Estado nacional no necesariamente ha decrecido
en su papel de unidad política y estratégica fundamental. Evidentemente
los intereses que han motivado las más recientes conflagraciones
entre naciones se identifican y adquieren sentido sólo cuando se
les vincula con intereses estratégicos relacionados con la seguridad
nacional y la soberanía de los Estados nacionales involucrados.
Esta reserva debe ser aplicada también a la evidente interdependencia
de los centros financieros a nivel mundial, sobre todo si consideramos
que las crisis económicas internacionales no son algo exclusivo
de la era de la globalizción, como tampoco lo ha sido la falta de
arraigo nacional del capital financiero.
En el caso del sistema de los medios de comunicación si bien es
cierto que el estado actual de la tecnología permite un flujo
de información que trasciende los referentes nacionales, también
es cierto que el acceso a esta tecnología no se encuentra distribuido
equitativamente y sólo algunos sectores de la población mundial
pueden entrar en contacto con este flujo informativo. Hay que añadir
el hecho de que la producción de la información se encuentra también
estandarizada lo que tiene como consecuencia que aunque, en efecto
existen flujos internacionales, éstos son más o menos homogéneos
debido a la propia unificación de los estilos narrativos: entrar
en contacto con la información producida en un lugar del mundo no
supone necesariamente entrar en contacto con los valores culturales
de ese lugar sino con un estilo narrativo propio de un medio de
comunicación. Esto se debe, desde luego, a un tercer factor que
hay que considerar con respecto a los medios de masas: la propiedad.
Las corporaciones de medios que "enlazan" a diferentes
culturas son propiedad de determinadas compañías transnacionales
que definen el contenido a partir de criterios de selección también
más o menos estandarizados: lo que a nivel internacional sea relevante
como contenido informativo depende más de las políticas del medio
global que lo selecciona y transmite que de los valores culturales
del lugar donde se genera el mensaje.
Finalmente, cabe destacar con respecto a la comunicación intercultural
que la concepción de comunicación que la sostiene, anclada en el
concepto de cultura como sistema de símbolos, corre el riesgo de
excluir de su perspectiva de análisis ámbitos comunicativos más
complejos no reductibles una visión estructural (semiótico) del
orden social como son aquellos que consideran la dimensión cotidiana
(pragmática) de la construcción del significado de las prácticas
sociales y las concepciones de comunicación comprometidas con la
perspectiva de la complejidad.
Referencias
Asunción-Lande,
Nobleza. (1986). Comunicación
intercultural. En la
comunicación humana de Carlo
Fernández Collado. McGraw Hill, México.
Rodrigo Alsina, Miquel. (1999). La
comunicación intercultural.
Anthropos, Barcelona.