Creencias fijadas e indagación en Charles Sanders Peirce

Antonio Emmanuel Berthier

El pensamiento de Charles Sanders Peirce (1839-1914) es uno de los más originales e importantes dentro del panorama filosófico de principios de siglo XX. La revisión actual de la obra del filósofo norteamericano nos muestra a un hombre versátil, adelantado a su época y con la habilidad de explorar la lógica del pensamiento humano a partir de una visión filosófica peculiar que ha logrado impactar el pensamiento social contemporáneo.1

Para Hans Joas, (1990) el pragmatismo puede ser considerado una filosofía de la acción auto-reguladora que se convirtió en el eje meta-teórico de las investigaciones sociológicas y psicológicas realizadas por diferentes pensadores pertenecientes a la Universidad de Chicago durante la primera mitad del siglo pasado. Esta visión filosófica considera las representaciones que otorgan sentido a las acciones sociales como sujetas a negociación permanente por parte de los actores. En el centro de este planteamiento se encuentra la teoría de los signos que Charles Sanders Peirce desarrolló en su pretensión de fundamentar el campo de estudio de otra disciplina: la semiótica. El filósofo concebía el proceso de atribución de significado a nuestras representaciones como un proceso de formación y fijación de creencias acerca de cómo comportarnos en nuestra relación con la realidad.

Para Peirce, la experiencia puede concebirse como un flujo permanente en el que nos relacionamos con el mundo haciendo uso de hábitos, esto es, creencias fijadas acerca de cómo actuar en determinadas circunstancias obteniendo con ello un resultado previsible.

Ante la interrupción inesperada de ese flujo, esto es ante un resultado no esperado de nuestra acción en el mundo, nos vemos obligados a tratar de restituir el flujo cambiando nuestras creencias a fin de generar hábitos nuevos. Esta renovación no es otra cosa que un proceso de re-significación que tiene lugar a través del pensamiento y que nunca parte de cero, por el contrario, tiene como origen las creencias y hábitos ya existentes:

“The object of reasoning is to find out, from the consideration of what we already know, something else which we do not know.” (Peirce, 1877)

Lo anterior significa que en nuestra relación con el mundo intervienen elaboraciones de sentido que nos permiten generar expectativas más o menos estables acerca de lo que se puede esperar de nuestro proceder en determinadas circunstancias. Peirce: “our beliefs guide our desires and shape our actions” (1877). Toda representación que poseemos del mundo orienta nuestro actuar y lleva aferrada a sí una consecuencia práctica. En este planteamiento se hace presente el carácter pragmático que Peirce atribuye al conocimiento y su muy particular concepción de la verdad: una proposición no encuentra su verdad en la correcta adecuación a un estado de cosas en la realidad, sino a las consecuencias previsibles que dicha proposición es capaz de arrojar cuando se la aplica en la vida práctica.

“Considera los efectos que tú concibes en el objeto de tu concepción que pudieran tener importancia práctica. Entonces tu concepción de esos efectos es la totalidad de tu concepción del objeto” (Peirce, citado por Vallejos, 1999).

Esta serie de certezas no son eternas, por el contrario, se van re-definiendo de acuerdo como se presentan “sorpresas” en el flujo de nuestra experiencia cotidiana. Es en este momento cuando se inicia lo que Peirce denomina un proceso de indagación (inquiry) 2 en el que por medio del constreñimiento de asociaciones entre nuestros pensamientos, logramos generar patrones de comportamiento hipotéticos que habrán de llevarse a la práctica para tratar de resolver el problema y restablecer el flujo de la experiencia logrando con ello, además, incrementar nuestra capacidad de operar exitosamente en el mundo.

La indagación se caracteriza por un proceso lógico de inferencia donde las asociaciones entre pensamientos-signos se hacen más rigurosas con el fin de generar un signo diferente, en este caso, la conducta que se espera brinde los resultados deseados. Esta manipulación de signos-acciones es un proceso semiótico donde un signo (representamen) definido en relación triádica con un aspecto perceptual (ground) de un objeto (suppositum) da origen por medio de la indagación (semiosis) a un nuevo signo que se encuentra asociado a un esquema de acción. Este segundo signo es el interpretante del primer signo o representamen. Cuando un hábito muestra su ineficacia para mantener estable el flujo de nuestra experiencia se abre un espacio para la duda 3 desencadenando con ello la búsqueda de una nueva significación de nuestras representaciones del mundo y su puesta en práctica a través de esquemas de acción que tiene por objeto recuperar la certeza.

“Thus, both doubt and belief have positive effects upon us, though very different ones. Belief does not make us act at once, but puts us into such a condition that we shall behave in some certain way, when the occasion arises. Doubt has not the least such active effect, but stimulates us to inquiry until it is destroyed.” (Peirce, 1877).

Una vez alcanzada la certeza, no importa si la representación que la sostiene corresponde a lo que pudiera designarse en sentido tradicional la verdadera naturaleza del objeto de la representación; basta con que la prosecución de la acción arroje los resultados esperados para fijar esta creencia y suponer un patrón activo dentro de la naturaleza:

“It is certainly best for us that our beliefs should be such as may truly guide our actions so as to satisfy our desires; and this reflection will make us reject every belief which does not seem to have been so formed as to insure this result…for as soon as a firm belief is reached we are entirely satisfied, whether the belief be true or false.”(Peirce, 1877).

En su célebre The Fixation of Belief (1877), Peirce reconoce cuatro métodos de fijación de creencias: 1) el método de la tenacidad (tenacity) en el que el hombre se mantiene firme ante su creencia negando todo aquello que pueda hacerla cambiar; 2) el método de la autoridad en el que la creencia se fija por medio de la violencia institucionalizada y legitimada para hacer prevalecer una forma de pensar; 3) el método a priori que ofrece argumentos satisfactorios a la razón aunque no se hayan corroborado en la experiencia; y 4) el método de la realidad en el que la certeza descansa en elementos externos a nosotros, cosas reales con características independientes de nuestras opiniones.

Aunque Peirce se distanció del término pragmatismo (utilizado por William James) y se refirió a su método como “pragmaticismo” 4 su herencia permitió conformar una corriente de pensamiento social opuesto al positivismo sociológico de Emile Durkheim que concebía a las prácticas sociales como determinadas por un orden impersonal que se le imponía a los individuos. La nueva forma de pensamiento social fue bautizada por Herbert Blumer como “interaccionismo simbólico” por considerar al orden social como un orden simbólico que provee de sentido a las interacciones sociales y que se encuentra sujeto a una redefinición permanente por parte de los individuos que conforman una comunidad. Para los sociólogos, psicólogos y reformadores sociales de la Escuela de Chicago, el significado de la acción social es negociado por los actores sociales una y otra vez en función de sus consecuencias practicas. Para esta reflexión social la comunicación juega un papel determinante pues a través de ella se establece ese intercambio de representaciones que conformará el orden simbólico que Robert Park identificó con la cultura.

Notas

1. Tómese por ejemplo la obra del alemán Hans Joas, heredero de la tradición pragmática del Interaccionismo simbólico y que ha propuesto una teoría social basada en la “creatividad” negociadora de la acción social frente a las estructuras sociales.

2. Peirce sobre este punto: “The irritation of doubt causes a struggle to attain a state of belief. I shall term this struggle inquiry, though it must be admitted that this is sometimes not a very apt designation”(1877)

3. Peirce concibe la duda como una duda auténtica, no una duda estéril o metódicamente interpuesta como en el caso de la filosofía cartesiana.

4. Peirce no consideraba a su semiótica una filosofía con compromisos metafísicos sino más bien un método para la obtención de creencias.

Referencias

Joas, H., (1990). Interaccionismo simbólico en la teoría social, hoy de Anthony Giddens y Jonathan Turner (compiladores). Alianza Editorial / Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México.

Elizondo Martínez, J., (2003). Signo en acción. El origen común de la semiótica y el pragmatismo. Universidad Iberoamericana / Fundación información y democracia, A. C., México.

Peirce, C. S., (1877). The Fixation of Belief en Popular Science Monthly 12 (Noviembre, 1877), p.p.1-15. Versión electrónica en: Charles S. Peirce Studies. Disponible en : http://www.peirce.org/writings/p107.html

Vallejos, G., (1999) Peirce. Pragmatismo, semiótica y realismo en Revista Cinta de Moebio No. 5, Abril de 1999. [En línea]. Disponible en: http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/05/frames08.htm. Accesado el día 12 de marzo de 2004.

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