La Sociología de la Complejidad de Niklas Luhmann*

Antonio Emmanuel Berthier

Introducción

Plantearse la posición que juega Niklas Luhmann (1927 - 1998) en la sociología moderna es una tarea que implica riesgos. De entrada el adjudicar a su obra un carácter propiamente sociológico sería limitar el alcance de sus reflexiones a una parcela aislada del conocimiento o asumir la necesidad de replantear a la sociología como "algo más" que la ciencia que trata de explicar cómo es posible el orden social para encaminarla por derroteros mucho más ambiciosos. Por ello, antes de incluir a Luhmann entre los nuevos clásicos de la sociología habría que considerar el espectro de afectación de sus aportaciones teóricas y tener presente el impacto de éstas en campos como la epistemología, la teoría de la comunicación, la psicología de enfoque sistémico y especialmente en la teoría general de sistemas, tradición a la que sin duda pertenece. En estas reflexiones traré de elaborar un cuadro general de la sociología de Luhmann abordándola desde la teoría de sistemas lo que me permitirá destacar algunos de los aspectos antes mencionados, particularmente sus contribuciones a ésta tradición, sus aportaciones indirectas a la teoría de la comunicación y a la epistemología de sistemas, todo ello en el marco de una sociología caracterizada por su compromiso con la complejidad.

La de Luhmann es una sociología compleja en varios sentidos: es altamente abstracta, eminentemente teórica, demanda conocimientos sociológicos previos, involucra compromisos transdisciplinares y no ofrece garantía racional o valorativa alguna. Pero su complejidad le viene también por herencia al inscribirse dentro del cuerpo de desarrollos más recientes de la teoría general de sistemas. En esta tradición complejidad significa selectividad, discrecionalidad en las relaciones que es posible establecer o presumir entre elementos que se encuentran integrados de manera más o menos estable y que tienen por resultado la descripción de realidades, la descripción de las teorías que describen esas realidades y en última instancia la descripción de las descripciones. En este sentido la sociología de Luhmann es una forma de descripción que involucra para sí una serie de decisiones teóricas previas atribuidas a una serie de autores y disciplinas paralelas que debemos mencionar al menos brevemente para ascender en su andamiaje conceptual y ubicarlo en un lugar que le sea coherente.

La Teoría General de Sistemas

Desde sus inicios, la teoría general de sistemas ha pretendido constituirse como una orientación omniabarcante del pensamiento científico. El biólogo austríaco Ludwig von Bertalanffy, consideró necesario construir a base de conceptos lo suficientemente abstractos y generales un cuerpo de teoría capaz de reducir toda realidad biológica a una serie de distinciones analíticas que le permitieran superar la controversia entre el vitalismo y el mecanicismo biológicos. Los frutos de dicha concepción podrían, según Bertalanffy, ser compartidos por todas las ciencias si esta nueva teoría lograba dentro su generalidad comprender conceptos isomórficos, relaciones equivalentes y estructuras simétricas ya existentes en las ciencias naturales y sociales de tal forma que se pudiera generar un lenguaje único cifrado en una pluralidad de referencias. Basada en una matemática simplificada nace la primera generación de la teoría de sistemas como un agregado conceptual altamente complejo aplicable a todas las ciencias bajo la premisa de asumir dos compromisos fundamentales: a) concebir la realidad como el producto de una variedad de sistemas que operan de manera simultánea, y b) aceptar el carácter necesariamente correlativo del conocimiento científico con respecto a la realidad. El primer compromiso se refiere a la necesidad de elegir de manera arbitraria e intencional un punto de partida para el conocimiento, en este caso, la existencia de sistemas concebidos como un conjunto de elementos de cuya relación selectiva y estable resultan realidades tangibles e intangibles. Asumir la existencia del sistema supone ya complejidad en el sentido que toda construcción teórico-sistémica involucra elementos, relaciones selectivas y estados resultantes de esas relaciones selectivas entre los elementos. Paralelamente la realidad "recreada" por la teoría es igualmente compleja al ser el producto de ese orden de relaciones elementales. El segundo compromiso es la derivación epistemológica resultante de la propia teoría de sistemas: si la realidad es concebida bajo la forma del producto de una serie finita de relaciones entre variables, una única perspectiva de observación - incluida la teoría general de sistemas - no es capaz de abarcarla en su totalidad pues supone siempre una serie de decisiones arbitrarias conscientes o inconscientes por parte del observador que intervienen en su interacción con la realidad a observar. El resultado se nos presenta nuevamente bajo la forma de complejidad en el sentido que todo conocimiento es el resultado posible y provisional de la intersección entre la complejidad organizada de la observación, esto es, de la teoría y la complejidad "desorganizada" del mundo "organizada" desde la teoría.

Los planteamientos de Bertalanffy, considerados como una nueva forma de teleología de carácter holístico, estaban referidos a una concepción de sistema definido por su apertura al intercambio energético con el entorno lo que le permitía por diversos caminos alcanzar un estado preferencial de equilibrio. Conceptos como sinergia, interrelación, equifinalidad, negentropía permitieron caracterizar esta primera generación de sistemas abiertos. La propia evolución de la teoría de sistemas generó en su interior un proceso de diferenciación bajo una serie de reformulaciones y agregados que permitieron nuevas y más radicales atribuciones a los sistemas. Contribuciones decisivas a la realización de la pretensión omniabarcante de Bertalanffy han sido entre otras la cibernética de Norbert Wiener, la teoría  matemática de la comunicación de Shannon y Weaver, la ecología cultural de Rappaport, la teoría de la organización de Katz y Kahn, la teoría de la comunicación humana de Bateson y Watzlawick y dentro de la más reciente generación la teoría de la autopoiesis de Humberto Maturana, la cibernética de segundo orden de Heinz von Foerster y la sociología compleja de Niklas Luhmann. Si bien existen grandes diferencias entre estos autores y teorías, todos ellos comparten de una u otra forma los compromisos antes mencionados y han individualizado en sus campos correspondientes a la teoría de sistemas como una tradición de pensamiento científico vigente. Resulta oportuno hacer una breve revisión de los representantes más sobresalientes de la última generación para lograr un doble propósito: por un lado, identificar la labor reconstructiva que dentro de ella juega la obra de Niklas Luhmann y, con ello, adentrarnos apenas superficialmente en las bases teóricas de una sociología configurada desde el punto de vista de la existencia de los sistemas.

La primera referencia obligada la constituye la teoría de la autopoiesis de Humberto Maturana. Distanciándose del modelo de sistemas abiertos, los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela desarrollaron una epistemología biológica en cuyo centro se encuentra una concepción de sistema como una organización cerrada sobre sí misma. Para ellos, el sistema constituye una unidad clausurada con respecto a su entorno.  Podemos hablar de organización y de sistema siempre que podamos identificar una red de elementos de una misma naturaleza cuyas relaciones evidencian una estructura, un orden de autogeneración que prescinde de cualquier forma de determinación externa. Dentro de una biología que escapa de las limitaciones que conlleva el apoyarse en realidades objetivas, la vida puede ser considerada como una operación que es capaz de aislarse y distinguirse de su entorno con la estabilidad suficiente para generar más vida. Los sistemas biológicos suponen un orden autónomo que emerge a partir de una organización de elementos que a su vez participan en su proceso de producción, esto es, en una cadena de elementos autoproducidos donde sólo el sistema puede determinar sus estados internos, y es esa la condición bajo la cual puede relacionarse con el entorno. Ningún cambio de estado en el sistema puede ser generado desde fuera ya que es el propio sistema el que por referencia a su propia organización y estructura "traduce" la complejidad proveniente del entorno a su propia complejidad y determina sus propias operaciones. Para Maturana, el sistema esta "estructuralmente determinado",  su relación con el entorno es de presuposición mutua, no puede existir uno sin el otro, se encuentran acoplados y en muchos sentidos co-evolucionan pero nunca podrá establecerse entre ellos una relación causal. Maturana acuñó el término autopoiesis para designar esta estructura que se autodetermina y se auto produce bajo la condición de su clausura con respecto a cualquier intervención externa. La teoría de la autopoiesis ha revolucionado la forma de abstraer a los sistemas dentro de diferentes campos de aplicación de las llamadas ciencias cognitivas, particularmente, se ha convertido el punto de partida para desarrollos importantes dentro de la psicología, la terapia familiar y la sociología.

Nuestra segunda referencia importante la constitye la cibernética de segundo orden de Heinz von Foerster en la que las consideraciones anteriores se ven radicalizadas y adquieren un alto grado de sofisticación. Foerster recupera del álgebra monovalente del británico George Spencer Brown la noción del cálculo matemático como una operación capaz de realizar distinciones. El cálculo es una forma que al operar sobre un espacio sin marca (hoja en blanco) traza una distinción que es capaz de desarrollarse mediante tiempo. En la hoja en blanco no existe nada presupuesto, es la operación la que con un mínimo de marcas y signos divide el espacio de tal forma que toda operación posterior habrá de tomar en consideración la operación que le antecede. Es por ello que la forma es siempre forma de una distinción que, como tal, posee dos lados lo que se distingue o aquello que ha sido incluido dentro del cálculo y lo que se indica o todo aquello que se ha excluido pero que permanece en el fondo como posibilidad para una siguiente operación. Toda operación, incluida la operación que define a los sistemas, debe ser entendida así como una observación que destaca un elemento de un fondo y lo distingue dejando indicados los demás elementos como selecciones potenciales. La observación debe ser entendida como una operación mediante la cual un sistema es capaz de distinguir e indicar. De esta manera, el sistema opera diferencias bajo la forma distinción / indicación. Foerster considera las operaciones del sistema nervioso como un procesamiento recursivo de descripciones bajo la forma de  distinciones elaboradas por cada uno de los elementos involucrados en la percepción. La realidad que resulta de dicho procesamiento no es más que una descripción elaborada a partir de una serie de observaciones de segundo orden, esto es, una construcción compleja que de alguna forma no entra en contradicción con el mundo empírico, lo que nos permite encontrarnos adaptados a él. Al trasladar este aparato conceptual del ámbito de la fisiología del sistema nervioso a la epistemología, Foerster concibe la cognición como un mecanismo de construcción de realidades de segundo orden que permiten la adaptación del agente cognitivo a su entorno. Todo conocimiento es producto del cálculo recursivo de descripciones sucesivas realizadas por observadores que distinguen e indican. El sistema es un observador que opera distinciones, esto es descripciones, y autogenera su propio ambiente reintroduciendo constantemente las descripciones (observaciones) anteriores. En este sentido, el sistema es un constructor de realidades de segundo orden (producto de observaciones de observaciones) incapacitado para observar la distinción mediante la cual observa, lo que Foerster denomina el "punto ciego". Todo conocimiento implica recursividad pues reintroduce las distinciones previas y autorreferencia, en el sentido de que ningún sistema puede conocer (o mejor dicho, reconocer) nada que no forme ya parte de su propio patrimonio estructural. Resumiendo podemos decir que al operar el sistema observa su entorno, con ello pone una diferencia bajo la forma de una distinción que a la vez produce una indicación, al hacer esto el sistema genera para sí un conocimiento y construye realidades. Foerster define su postura como un constructivismo radical coherente con la epistemología perspectivista de la teoría general de sistemas: El conocimiento es una construcción producto de las distinciones operadas por diferentes observadores de segundo orden donde cada construcción lleva la responsabilidad de asumirse limitada por su horizonte de posibilidad y donde la realidad, cualquiera que sea su estatuto ontológico, lleva la función negativa de discriminar aquellas construcciones que se ajustan a ella.

La Sociología de Niklas Luhmann

La teoría de Luhmann puede considerarse el punto de convergencia de los desarrollos antes mencionados. En ella se pueden reconocer dos prestaciones que se van desarrollando paralelamente: una  reconstrucción general y rigurosa de la teoría de sistemas y un esfuerzo por darle a la sociología una nueva base para la descripción de lo que la propia sociología se ha adjudicado como objeto de estudio, el orden social. Podemos reconocer en Luhmann la pretensión de reconstituir la teoría de sistemas en tanto que aparato conceptual capaz de generar descripciones lo suficientemente complejas como para aspirar a "absorber" la complejidad de la sociedad moderna. Esta reconstrucción, sin embargo, se encuentra subordinada a su verdadero y legítimo objetivo: brindar a la sociología un nuevo instrumental de observación con un grado mayor de complejidad y abstracción que le permita redefinir su objeto de estudio. Como disciplina que desde sus orígenes ha tratado de explicar cómo es posible el orden social, la sociología ha estado demasiado aferrada al individuo o a la materialidad de sus acciones; con ello, ha hecho depender sus observaciones de instancias cuya naturaleza resulta ajena, previa o paralela a lo social. Si bien el individuo participa de la sociedad, la sociología no puede colocarlo como principio explicativo del orden social en tanto que siempre supone "algo más" que sociedad: un sistema orgánico acoplado a una conciencia o sistema psíquico. Lo social no puede reducirse a lo orgánico ni a lo psíquico aunque presuponga la existencia de organismos y conciencias para poder existir. El mismo problema presenta la acción y sus esquemas de interpretación ya que no toda la acción parece ser social y su interpretación de sentido hace depender a la sociología de elementos psicológicos externos a la acción misma como son las motivaciones, las orientaciones racionales, los valores y las determinaciones irracionales no específicas. Toda pretensión explicativa de lo social debe tomar la decisión de aislar un elemento al cual pueda atribuirse un carácter eminentemente social, para Luhmann, este elemento es la comunicación ya que presupone al menos dos conciencias dispuestas a comunicarse y a participar de un orden que no puede reducirse a un proceso psíquico, orgánico ni de ningún otro tipo. La comunicación es un excedente que emerge a partir de estados pretéritos (naturaleza, organismo, conciencias dispuestas a comunicar), pero que al estabilizarse genera la suficiente certidumbre sobre sí misma como para poder aislarse de su entorno y constituirse en un orden autónomo inagotable. Los individuos no ofrecen esta garantía de estabilidad debido al alto grado de contingencia que presentan sus decisiones y sus acciones. Muy difícilmente las conciencias pueden coincidir, para ello se requiere de un elemento intermedio que establezca e indique las orientaciones posibles reduciendo así la contingencia de las decisiones individuales a un nivel que pueda ofrecer mayor garantía de estabilidad. Ese elemento es la comunicación, una ganancia adquirida por vía evolutiva que restringe las condiciones de participación individual en la sociedad a través de un orden de sentido. Este orden supone, como hemos establecido desde el inicio, complejidad desarrollada, selectividad en las relaciones que se pueden actualizar como comunicación.

La sociedad, por tanto, es un sistema de comunicación, una operación que se establece como un excedente de estados pretéritos y que es capaz de asilarse con respecto a ellos y enlazarse de manera selectiva con operaciones del mismo tipo, esto es, con más comunicación. Dado que es un sistema clausurado ningún elemento externo puede determinarla, sólo la propia comunicación puede determinar su operación pues todo cuanto observa como sistema, todo cuanto distingue en su entorno sólo puede distinguirlo bajo la forma de comunicación. La complejidad que supone el entorno de la sociedad es reducida a la complejidad del sistema al actualizarse comunicación acerca de prácticamente cualquier cosa. Esto es posible ya que todo puede ser tema de comunicación incluso la comunicación misma. Al enlazarse, la comunicación genera redundancias de sí logrando con ello la reproducción de la sociedad. La autorreferencia se hace evidente en el hecho de que toda comunicación es, en ultima instancia, la actualización selectiva de expectativas comunicativas que conforman en su conjunto la estructura del sistema: la comunicación se produce siempre con referencia a sí misma. Dado que la comunicación es el único elemento que participa en la red de su propia producción podemos decir que es un sistema autoproducido, esto es autopoiético.

Una de las piezas fundamentales de esta construcción teórica es la referida al sentido. La comunicación es un sistema constitutivo de sentido pues toda comunicación conlleva la posibilidad de enlazarse de manera selectiva con otra comunicación que le es congruente dentro de un horizonte finito de probabilidades de enlazamiento. Dicho de otra manera, toda comunicación producida por el sistema es actual pero al mismo tiempo supone potencialidad pues es capaz de desencadenar una segunda comunicación que no podrá evadir la comunicación anterior. El sentido delimita las relaciones que son permitidas dentro de la comunicación, es un vehículo implicado en la comunicación para poder orientarse. Como tal, no esta referido a ningún tipo de elemento externo como pudiera ser la conciencia aunque la conciencia enlaza sus operaciones tambien de acuerdo a sentido. El sentido sólo es sentido para la comunicación y es lo que le permite realizar su autopoiesis. Es por ello que siguiendo a Fritz Heider, Luhmann define al sentido como un medio para el enlazamiento de la comunicación, esto es, a través del sentido una serie de elementos acoplados de manera amplia (expectativas de comunicación) logran condensarse en formas, esto es, en comunicaciones.

Dado que la comunicación es un evento omniabarcante, irreductible a estados de conciencia particulares o a limitaciones lingüísticas, institucionales, históricas o geográficas, debemos referirnos a la sociedad como “sociedad universal” ya que no existen “diferentes sociedades” bajo la forma de diferentes tipos de comunicación. La sociología enfrenta desde este aparato conceptual un sistema omniabarcante de comunicación  cuyas parcializaciones no son físicas sino funcionales, esto es comunicación organizada bajo la forma de sistemas sociales de función que comparten las mismas propiedades del sistema omniabarcante de comunicación y cuyo referente semántico es lo que conocemos como decisiones políticas, transacciones económicas, obras de arte, teorías científicas, relaciones amorosas, controversias jurídicas y todo cuanto involucra y comprende al orden de los llamados “fenómenos” sociales. Para abordar la complejidad que supone el evento comunicativo se tiene que redefinir a la comunicación mediante herramientas conceptuales que soporten el carácter abstracto del planteamiento general de la sociología luhmanniana. Ningún modelo ya existente permite lo anterior pues o bien hacen depender a la comunicación de los individuos que participan de ella, o bien la hacen depender de los soportes materiales mediante los cuales se transmite. Siguiendo a Luhmann debemos considerar a la comunicación como una operación que genera una diferencia, en este caso la distinción entre la producción de una información y la notificación o atribución de la intención de comunicarla. La comunicación se actualiza cuando es entendida la diferencia entre una información que se ha producido y las razones que se tienen para participar de dicha información. La distinción entre información y notificación se nos aparece bajo la forma de una síntesis de tres selecciones que ocurren de manera simultánea: la selección de la información o aquello que se incluye como contenido comunicativo, la selección de la notificación o la atribución de motivos para participar del contenido informativo y la selección de entender (o no entender) la diferencia entre la notificación y la información; sin esta distinción la comunicación es prácticamente imposible pues quedaría reducida en el mejor de los casos a simple “ruido”. La selección de entender es por ello un mecanismo de autocontrol pues permite tanto la comprensión como la incomprensión de la comunicación lo cual no impide el surgimiento de más comunicación ya que siempre es posible recurrir a la comunicación para esclarecer cualquier duda. Al mismo tiempo, en la comunicación, como en la sociedad, no existe un valor preferencial en cuanto a la "finalidad" o "telos" que pudiera adjudicársele a la comunicación. Para esta teoría la comunicación puede dar como resultado tanto el consenso como el disenso, la aceptación como el rechazo, no existe una deontología a la cual ceñirse, la comunicación solo parece evidenciar un único propósito o fin: su auto-reproducción.

¿Cuáles son las consecuencias que un planteamiento como éste tiene para la sociología? En principio tenemos que reconocer la necesidad de concebir a la sociología, así como a todas las demás ciencias y dimensiones de lo social, como comunicación. En segundo lugar debemos aceptar la circularidad a la que nos llevan la epistemología perspectivista en el sentido de que todo cuanto hemos establecido aqui lo hemos establecido como comunicación como es el caso de todo el conocimiento posible. Toda práctica científica es, en última instancia, una observación que la sociedad en tanto que comunicación opera sobre el mundo de manera autorregulada por lo que podemos decir que la sociología constituye una auto-observación que la sociedad opera sobre sí misma a partir de una serie de distinciones. Estas distinciones constituyen el patrimonio estructural del sistema de la ciencia, esto es, las expectativas de comunicación científica establecidas, en este caso, por la propia sociología. Todas las observaciones que bajo la forma de descripciones genere la sociología sobre la sociedad serán el resultado de la actualización de tales expectativas bajo la premisa de que el sistema sólo puede observar sus propios elementos. Aquí es donde entra todo el arsenal de categorías, conceptos y constelaciones de sentido generadas por la sociología a lo largo de su historia con el propósito de reducir la complejidad de su entorno, particularmente aquello que pueda designarse o distinguirse como "lo social". Entran en juego las atribuciones de responsabilidad comunicativa que hacen coherente el discurso sociológico bajo la forma de: "Weber dijo esto", "la teoría crítica es esto otro", "el telos de la comunicación es tal o cual". Mediante autorreferencia controlada se activan sus protocolos, se echan a andar sus directrices metodológicas y en una sofisticada operación de auto-observación la comunicación sociológica distingue la gama de presupuestos que evidencian a las diferentes tradiciones sociológicas. La sociología es comunicación científica acerca de la sociedad, comunicación que se tematiza a sí misma reduciendo con ello la complejidad "proveniente" del entorno, asimilándola a su propia complejidad, esto es, a las relaciones y elementos que la constituyen como comunicación científica: comunicaciones que participan en la producción selectiva de más comunicaciones, en una palabra, autopoiesis.

Como todo sistema, la ciencia, en este caso, la sociología al observar su entorno no revela nada que exista previamente, no realiza, en sentido estricto, ningún descubrimiento, por el contrario, construye una realidad cuyo horizonte último de posibilidad es la ciencia misma. Lo social queda establecido así como una realidad producto de una distinción interna de la ciencia, no es algo que anteceda a la comunicación sino comunicación que, en el caso de la sociología de Luhmann, se distingue a sí misma como lo social. Pero lo mismo ocurriría para cualquier otro elemento que se quisiera destacar como lo eminentemente social en lugar de la comunicación. La propia circularidad de este planteamiento y el perspectivismo de la teoría de sistemas obligan al sociólogo a reconocer la limitación de toda teoría al rango de observación determinada por las selecciones realizadas, por los valores que éste ha asumido y por la propia complejidad que supone el objeto de estudio. Hacer sociología desde la teoría de sistemas permite en este caso acceder a lo social desde una distinción base, sistema y entorno: todo cuanto se pueda decir acerca de la sociedad quedará determinado por los límites de dicha distinción y no podrá escapar a ella, es su frontera, el rango máximo de su alcance y su inevitable limitación.

Conclusión

A la luz de estos trazos de teoría cabe preguntarse si es posible considerar a Luhmann o a su impresionante obra como parte de las tradiciones de pensamiento en que se cimienta la sociología; esto es, si podemos o debemos ubicarlo en un futuro al lado de los clásicos de la disciplina como Weber, Durkheim y Parsons. La respuesta deberá considerar un punto importante: si consideramos que las propias disposiciones de la teoría distinguen a la sociología como la única ciencia capaz de absorber y asimilar a su propia complejidad la complejidad de la totalidad de la comunicación incluida la comunicación que se tematiza así misma, esto es, a la sociología misma, la sociología es, por definición la única ciencia de comprender y describir no sólo a la sociedad sino a las comunicaciones que reconocemos como conocimiento científico. La sociología es una sociología de la ciencia no en sentido particular sino general. La de Luhmann es una Sociología de la Sociedad y al mismo tiempo una epistemología social pues establece la única forma de aproximación a cómo la sociedad genera su propio conocimiento y todo el conocimiento posible. El problema del conocimiento, prerrogativa del pensamiento filosófico y posteriormente de las ciencias cognitivas no puede ser resuelto más que por la sociología pues todo conocimiento posible es un conocimiento social. Si la sociología se ha adjudicado el problema del orden social con ello ha heredado no solo el problema de cómo es éste posible sino además de cómo ha sido posible su distinción y con él el de los demás problemas y objetos de estudio científico. Lo anterior nos lleva a una conclusión doble: o bien reducimos a la sociología de Luhmann a una teoría de la sociedad con pretensiones grandilocuentes o bien reconocemos la necesidad de replantear los alcances de la sociología misma para convertirla en "algo más" que la ciencia del orden social.

* Conferencia dictada en la Universidad Autónoma Metropolitana - Azcapotzalco, México, D.F. 13 de Noviembre de 2001

Cómo citar este texto:

Berthier, A., (2001) La sociología de la Complejidad de Niklas Luhmann. en Conocimiento y Sociedad. com [En línea] Disponible en: http://www.conocimientoysociedad.com/sociocompleja.html.

 

 

Niklas Luhmann
(1927 - 1998)