| Berthier, A., (2006) "Sociología culturalista y sociología de la cultura: del verstehen al sistema significante" en Conocimiento y Sociedad.com, [En línea]. Disponible en http://www.conocimientoysociedad.com/williams.html | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Sociología | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Sociología culturalista y sociología de la cultura: del verstehen al sistema significante |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Página Principal | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Antonio Berthier | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| De acuerdo con Raymond Williams (1994) el agregado de investigaciones, formulaciones conceptuales y problemáticas que hoy en día podemos identificar con los estudios culturales puede ser considerado el producto afortunado de la conjunción de intereses cognitivos de diversa índole y de una múltiple procedencia disciplinar. Su genealogía teórica y metodológica atraviesa disciplinas como la antropología social, la psicología, los nacientes estudios sobre los medios masivos de comunicación, la filosofía del lenguaje ordinario, la semiología, la semiótica y desde luego la sociología. Desde el punto de vista del autor, la herencia sociológica de los estudios culturales puede desagregarse en dos vertientes atendiendo a los presupuestos teórico-metodológicos que distinguen lo que Williams considera dos tradiciones sociológicas antagónicas: la sociología “observacional” y la sociología “alternativa”. La primera corresponde a lo que otros autores identifican como la sociología durkheimniana (Collins, 1996), macro-sociológica (Alexander, 1992) o funcionalista (Plummer & Macionis, 1999) y que nosotros llamaremos tradición positivista por la línea de continuidad que mantiene con esta tradición científica. La segunda, por su parte, hace referencia por un lado a la tradición sociológica alemana o sociología interpretativa identificada con la obra de pensadores como Max Weber, Ferdinand Tönnies y Georg Simmel, y por otro lado hace referencia a la sociología norteamericana hederá del pragmatismo y que tanto Collins como Alexander identifican como una micro-sociología. Esta tradición resulta difícil de definir plenamente debido a las grandes diferencias que existen entre los presupuestos filosóficos y las propuestas teóricas de sus representantes. Con frecuencia esta dificultad da lugar a confusiones como la que se hace evidente en la obra de Collins quien separa a Max Weber de la micro-sociología y lo coloca junto a Marx dentro de la sociología del conflicto. (1) Para fines de nuestra exposición, consideraremos de manera un tanto arbitraria como diferentes a la tradición alemana weberiana y a la sociología norteamericana |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Raymond Williams (1921 - 1988) |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| micro-interaccionista. A la primera la denominaremos siguiendo a Farfán (1993) tradición “histórico-culturalista”, mientras que a la segunda la dividiremos a su vez en dos cuerpos teóricos distintos: el interaccionismo simbólico (Joas, 1990) y las sociologías de la vida cotidiana. (2) Si bien Williams hace referencia, de una u otra forma, a estas dos tradiciones, no parece establecer con precisión lo que de cada una ha heredado los estudios culturales. Es quizá que por ello que el autor rehuye adjetivar como “cultural” a esta tradición y se refiere a ella como “alternativa”. Sin embargo, esta omisión parece servir a un propósito más importante dentro de la propuesta del autor: permite distinguir a este agregado de principios teóricos y metodológicos previos de la sociología de la cultura a la cual, a su juicio, servirán de antecedente (Williams, 1994: 15-20). Esta distinción no deja de ser problemática si consideramos que tanto el antecedente como el consecuente encierran dentro de sí una serie de supuestos epistemológicos y ontológico-sociales que tienen como eje el concepto de cultura y que al momento de comparar enfoques y objetos de estudio parece ser innecesaria la distinción entre antecedente y consecuente.
Para hacer más clara esta distinción entre la sociología “histórico-culturalista” y la sociología de la cultura debemos retomar una distinción más a la que el propio Williams hace referencia y que atañe a los dos sentidos en que fue entendido por parte de la tradición científica el concepto de cultura. Según Williams la tradición filosófica y científica preocupada por el estudio de la cultura se debatió desde sus orígenes entre dos concepciones antagónicas de cultura. Por un lado, las definiciones de corte filosófico idealista pretendieron ver en la cultura el “espíritu conformador” de un modo de vida global que se manifiesta en la gama de actividades sociales pero que es más evidente en las actividades “específicamente culturales”: el lenguaje, los estilos artísticos, las formas de trabajo intelectual.”(Williams, 1994:11-12). Por otro lado, las posiciones influidas por el materialismo filosófico entendieron la noción de cultura como el resultado particular e identificable de un “orden social global”. De esta forma, mientras que el idealismo mira a la cultura como geist, como fuente inmaterial de la que emana la identidad histórica de una comunidad y que se plasma en sus instituciones, sus relaciones sociales y sus objetos materiales; el materialismo, a la inversa, comprende a la cultura como manifestaciones concretas, como consecuencias de una serie de hechos sociales anteriores. En la primera la cultura es el productor, en la segunda es el producto. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Este antagonismo de las primeras posiciones respecto de la cultura ha sido, a juicio del autor, superado por la que parece identificar con una nueva sociología de la cultura que sin llegar a reconciliar enteramente las posiciones anteriores, ha sido capaz de introducir elementos conceptúales extraídos de los diferentes campos y disciplinas científicas mencionado en un principio y que gracias a ello ha logrado reorganizar las posiciones idealista y materialista dentro de una nueva perspectiva: la de los estudios culturales. En una clara alusión a las aportaciones de la semiótica, la semiología y la filosofía del lenguaje en general, la sociología de la cultura de Williams concibe así a la cultura como un “sistema significante” que permite la comunicación, reproducción y vivencia del orden social. No se trata puramente del conjunto de los productos materiales de una sociedad o solamente de las constelaciones simbólicas que permiten adjudicar sentido a las practicas sociales. Se trata de ambos, la estructura significante y el significado estructurante. Las prácticas culturales se configuran a partir de un entorno simbólico que no es ajeno al orden social constituido que las individualiza y les otorga un carácter específico. Pero este orden social se hace evidente, se experimenta (tanto para el científico como para el hombre común), se legitima y se preserva a través de las prácticas culturales. La cultura es por ello tanto el objeto de estudio como el método de investigación sociológica: es el objeto en tanto que los estudios culturales estudian el cuerpo de significados aferrados a las practicas sociales vigentes, sus modificaciones históricas, las relaciones que originan, los discurso en los que se plasman y los objetos a través de los cuales se materializan. |
![]() |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Wilhelm Dilthey (1833 - 1911) Uno de los iniciadores de la Tradición Culturalista |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Pero además, la cultura constituye el eje metodológico de estos estudios en tanto que esa constelación de sentido que funciona como unidad de observación no es algo externo al observador, por el contrario, es el punto de partida para toda construcción teórica y el telón de fondo en el que se organizará, en última instancia, la experiencia empírica del mundo social. El sociólogo de la cultura se observa a sí mismo al observar las prácticas y productos culturales del medio social en el que vive o incluso de un medio social “ajeno” a él. Esto es así debido a que no puede prescindir del cúmulo de presupuestos incorporados a su propia práctica culturalmente definida como “científico social. El background teórico metodológico, los compromisos ideológicos, sus preferencias políticas y todo el cuerpo de prenociones y valores que definen los criterios de cientificidad con las que se aproxima al fenómeno de la cultura conforman, en si mismos un producto cultural en los dos sentidos antes mencionados: son el producto de un orden de hechos sociales precedentes, de un cuerpo de significados encarnados en instituciones culturales de carácter científico, pero, al mismo tiempo son el vehículo privilegiado de transmisión y puesta en práctica de ese orden y por ello apuntan irremediablemente a su conservación.
A partir de estas consideraciones podríamos preguntarnos qué ha heredado de las tradiciones sociológicas mencionadas anteriormente la sociología de la cultura. Por ahora nos ocuparemos únicamente de la tradición histórico-culturalista y dejaremos de lado las sociologías de la vida cotidiana no sin antes adelantar que, a nuestro juicio, los estudios culturales heredaron de la sociología alemana la preocupación por la constitución de una metodología acorde al concepto de cultura, pero se nutrieron necesariamente de la predilección de las sociologías de la vida cotidiana por determinados objetos de estudio “típicamente americanos” como la relación entre medios y audiencia o las características del perfil de consumo cultural. Los orígenes de la tradición de pensamiento sociológico alemán se remontan a la Europa de los últimos años del siglo XIX. Nos interesa destacar como su antecedente inmediato el célebre debate metodológico o methodenstreit iniciado por la Escuela Austriaca de Economía representada por Karl Menger frente a la Escuela Histórica y su orientación científica próxima al positivismo. En el centro del debate se encontraba el problema acerca del estatuto e individualidad metodológica de las llamadas ciencias de la cultura frente a la concepción positivista decimonónica de la ciencia natural y su pretensión nomotética. Kolakowski (1988) ha señalado con razón el carácter normativo que sustentan los presupuestos de la ciencia positiva y que se hicieron evidentes dentro de la Methodenstreit. De acuerdo con el autor, este interés regulador puede descomponerse en sus elementos compositivos bajo la forma de reglas. La primera es la regla del fenomenalismo o aquella que niega la existencia de correlatos inmateriales o metafísicos de las entidades que pueblan en mundo empírico. Esta regla ya supondría de entrada la negación de principio que sustenta a la tradición de ciencia de la cultura que presupone la existencia del “espíritu conformador”. Cabe mencionar que esta proscripción es incapaz de reflexionar sobre sí misma e invalidar los presupuestos metafísicos y en general los elementos apriorísticos (Alexander, 1992) que “soportan” el proceder científico positivista. El programa metodológico de la propia ciencia positiva no pudo reconocer desde su origen que se encontraba aferrada a una visión actualizada del mundo geométrico cartesiano donde el conocimiento claro y distinto de la realidad sólo podía generarse al reducirla a su res extensa, esto es, a las propiedades objetivas de las cosas. Al final de cuentas la proscripción opera de manera irreflexiva y comprende únicamente a las afirmaciones y teoremas de la ciencia positiva, la realidad proposicional que adquieren su heurística positiva y negativa (Lakatos) pero es incapaz de observar sus compromisos metafísicos tan irracionales y arbitrarios como aquellos de los que tanto desconfiaban tanto Saint Simón como Auguste Comte . (3) La segunda regla, la regla del nominalismo, privilegia como único objeto legítimo de conocimiento científico las entidades particulares concretas que pueblan el mundo de la experiencia, negando toda pretensión a considerar como real todo cuanto pueda entenderse como la esencia de la cosas. Con esta regla el positivismo se enfrentaría, como el propio Descartes y toda la filosofía idealista moderna, a la concepción metafísica realista inaugurada por Parménides de Elea y heredada a Occidente por el pensamiento de Aristóteles. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Una de las reglas más importantes y que se relaciona con el mundo de la cultura es la prohibición de los juicios de valor dentro del conocimiento así como los enunciados normativos. El propio Weber tematizará esta interdicción dentro de su texto clásico sobre la objetividad cognoscitiva de la ciencia social y la política social (1904). Para el positivista se pueden establecer dentro de la ciencia juicios de existencia e incluso juicios de racionalidad medios-fines como aquellos referidos a las causas eficientes de los fenómenos físicos, pero en modo alguno se podrá reconocer en los juicios de valor ningún estatuto cognoscitivo. Para el positivismo el mundo de los valores es un mundo amenazado por el relativismo de naturaleza cultural o subjetiva. Ante el peligro de abandonar la objetividad se hace necesaria una última regla según la cual mientras que los objetos de estudio de las ciencias son en sí mismos diversos y particulares, las explicaciones científicas siempre deberán poseer las mismas características lo cual se logra al ponderar como necesario un “monismo metodológico” tomando como paradigma el método de la física matemática. Esta regla aplica tanto para las ciencias naturales como para las entonces jóvenes ciencias morales de las que se esperaba la misma eficacia explicativa de las ciencias naturales. La sociología alemana nace por oposición a estos principios a partir de las aportaciones que al calor del debate sugieren pensadores como Menger, Dilthey, Droysen , Windelband y Rickert. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Max Weber (1864 - 1920) Padre de la Sociología Comprensiva |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Quizá la aportación más ilustrativa y que nos permita comprender mejor la individualidad metodológica de la sociología culturalista sea la distinción que Dilthey realiza de los tres momentos deferentes por los que atraviesa el espíritu humano en su relación con el mundo. (Rosi, 1990). Para Dilthey el espíritu humano parte de un primer momento de contemplación y a la vez interiorización de las vivencias del mundo, A este primer momento el autor lo identifica con el término Erlebnis. Un segundo momento tiene lugar cuando por medio de sus acciones, en sus relaciones con los otros y en sus diversas formas de expresión, el espíritu humano plasma el significado que ha dado a sus vivencias interiorizadas conformando lo que más tarde Rickert identificará con la cultura. Este es el momento que Dilthey denomina la Erleben o materialización de la vivencia del espíritu. Un tercer momento es el que le corresponde lograr como fin último a las ciencias “del espíritu”: la comprensión por identificación espiritual o Verstehen. Esta forma peculiar de compresión científica descansa en el supuesto de la universalidad de la conducta valorativa de acuerdo con la cual, a pesar de no compartir los valores culturales de una comunidad históricamente determinada, el hombre es capaz de identificarse espiritualmente con los miembros de esa comunidad tan sólo por el hecho de ser también un ser cultural, con valores propios que otorgan sentido al mundo de la experiencia. A juicio de Dilthey, pero sobre todo de Droysen, la Verstehen, esta forma de comprensión finalista que trata de establecer el porqué de las prácticas e instituciones humanas en el contexto de la cultura es el fin cognoscitivo de las llamadas ciencias de la cultura o ciencias históricas. El propio Weber reconocerá en ella no sólo el objeto de su sociología comprensiva sino el recurso metodológico que le da sustento: “no tengo que ser el cesar para pensar como él”.
El ámbito de la cultura es de esta forma, el ámbito de los valores históricamente determinados a los que el científico social recurre para hacer visible lo que Weber denominará el “sentido de la acción social”. (Weber, 1913). Esta es una herencia propiamente del hombre que aportó a Weber la pieza inicial de su metodología: Henrich Rickert. Para Rickert, las ciencias deben dividirse no sólo atendiendo a su objeto de estudio sino, sobre todo, a su individualidad metodológica. (Rickert, 1943). En cuanto a su objeto, las ciencias de la naturaleza se ocupan de todo aquello que brota espontáneamente de la tierra y que se encuentra, como él dice, sujeto a su propio desarrollo. Por otro lado, las ciencias “de la cultura” se ocupan justamente de lo que el autor reconoce como los “objetos culturales”: aquellos objetos, sean de origen natural o de creación humana, en los que el hombre ha tenido a bien depositar valores y que le obligan por ello a “cultivarlos”. Siguiendo la tesis fundamental del marginalismo de Karl Menger, Rickert reconoce a esos valores como particulares, oriundos de un lugar y susceptibles de ser modificados por el paso del tiempo. Así como los valores económicos de Menger, al ser particulares de una región y época específica determinaban el comportamiento económico de una comunidad., así también, los valores culturales históricos que se han cristalizado en las instituciones y prácticas sociales de las comunidades humanas constituyen el camino hacia la comprensión (Verstehen) de las mismas. Siguiedo a Dilthey, Rickert y Menger, Max Weber reconoce como necesaria dentro de la nueva ciencia de lo social la remisión a los valores culturales como medio para lograr la interpretación de la acción social de tal forma que ésta aparezca a los ojos del sociólogo como provista de sentido. La racionalidad de la acción y su posterior transformación en un tipo social que se utilizará como principio de contrastación empírica, dependen de una primera y arbitraria decisión del científico social: cuál de las relaciones a valor dentro del estudio de un fenómeno como puede ser la moda o el surgimiento del capitalismo europeo constituye una auténtica posibilidad de explicación causal tentativa adquirida por vía de la comprensión, o cual sólo lo será de manera accidental. La aceptación de este principio metodológico no sólo posibilitará a la sociología comprensiva levantar un programa de investigación opuesto al positivismo sino que pondrá en posición a la tradición culturalista de hacer efectiva la reflexibidad científica de acuerdo con la cual, el proceder del científico esta necesariamente vinculado con el medio cultural que cobija y, de la misma forma, las decisiones del propio científico, determinarán el tipo de explicación que realizará del mundo social. Como podemos observar, existe por un lado un paralelismo entre la noción de cultura generada de manera conjunta por los pensadores europeos que sustentaron a la tradición histórico-culturalista y la propia recuperación que la sociología de la cultura hace de la tradición idealista y materialista de cultura (particularmente, de la primera). Pero lo más importante y que sintetiza la idea principal de estas reflexiones es la afirmación de que la herencia de la sociología histórico-culturalista al campo de los estudios culturales y de la sociología de la cultura defendida por Williams consiste en una particular disposición metodológica que privilegia a los valores culturales y a sus materializaciones concretas no sólo el objeto de estudio sino la herramienta metodológica que permite al científico no sólo explicar la cultura sino en general a la sociedad. Si bien los estudios culturales se han nutrido de reflexiones, objetos y métodos de diversas disciplinas e intereses cognitivos, su orientación metodológica comparte esa doble naturaleza, la objetual y la metodológica, del concepto de cultura. Quizá Raymond Williams no reconozca en esta sociología “alternativa” la suficiente consistencia metodológica como para merecer un adjetivo más afortunado y específico, de hecho como ya vimos, tampoco Randall Collins le otorga ese mérito a la sociología weberiana. Sin embargo, pensamos que la aportación de la tradición histórico-culturalista pesa mucho dentro de los estudios culturales aunque no desde el punto de vista de las teorías o de las unidades de observación. Su herencia es más sutil, se encuentra en el telón de fondo de una sociología que si bien Williams ubica en los campos residuales de la disciplina, quizá es una de las más “viejas” y desarrolladas. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Notas | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| (1) No detallaremos aquí nuestra posición de desacuerdo con respecto a la organización que realiza Collins de las tradiciones sociológicas y de la inclusión de Weber en la sociología del conflicto. Baste señalar que la decisión de Collins se fundamenta en una lectura de la sociología de Weber que hace mayor énfasis en el interés del sociólogo alemán por el problema de la estratificación social y la dominación política y relega a un nivel secundario su aportación metodológica opuesta tanto al positivismo como a la dialéctica materialista. (2) Dentro del interaccionismo simbólico consideraremos las propuestas teóricas emanadas del pragmatismo norteamericano y que representan pensadores como Robert Park, John Dewey, George Herbert Mead y Herbert Blumer. Dentro de las sociologías de la vida cotidiana comprenderemos las propuestas teóricas que se encuentran sustentadas en la fenomenología de Husserl y que desarrollaron una serie de pensadores como Alfred Schutz, Harold Garfinkel y Ervin Goffman. (3) Recordemos que tanto la sociología Saint Simón, como la de su ilustre discípulo se erigen como proyectos reorganizadores de la naciente sociedad burguesa y se definen en oposición a la metafísica filosófica ilustrada y su creencia en la existencia de un orden natural que otorga sentido al mundo social y legitima la lucha por los derechos del hombre así como por ideales tales como la libertad, la igualdad y la justicia. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Referencias documentales: Alexander, Jeffrey (1992). Las teorías sociológicas desde la segunda guerra mundial. Barcelona, Gedisa. Collins, Randall (1996). Cuatro tradiciones sociológicas. México, Universidad Autónoma Metropolitana. Giddens, Anthony y Jonathan Turner (comps.) (1990) La teoría social hoy. México, Alianza / Consejo Nacional para la Cultura y las artes. Kolakowski, Leszek (1988) La filosofía positivista. Madrid, Cátedra. Macionis, J. y K. Plummer (1999) Sociología. Madrid, Prentice Hall. Rickert, Henrich. (1943) Ciencia cultural y ciencia natural. Buenos Aires, Espasa Calpe. Rossi, Pietro (1990) "Introducción" a Ensayos sobre metodología sociológica de Max Weber. Buenos Aires, Amorrortu. Weber, Max (1990) Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires, Amorrortu. Williams, Raymond (1994). Sociología de la cultura. Barcelona, Paidós. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Página Principal | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||